miércoles, 23 de abril de 2014
Me dijiste que no podía llenar un teatro sin tener alma.
Contesté que solo me hacía falta sentirte a ti ahí para que ya estuviera lleno.
Y sonreí, sonreí como sonrío desde que te conozco, desde que te vi bajar de aquel vagón medio vacío en una estación de Madrid.
Me acordé de cada carta, cada frase y lágrima que se llevo mi razón de ser.
Me acordé de tí, de tu olor, y de cada madrugada con tu mano paseando por mi cadera.
Te dije que te acercaras, me acongojé cerca de tu oído, temblé avecinando lo que pasaría y conté hasta tres.
Y te dije que mi alma la tienes tu, escondida dentro de tu mano derecha y que yo te la cedí para que la guardaras.
"Porque yo, siempre pierdo lo que más quiero, y por eso quizás , te has ido con mi vida en tu cálida mano"
Y me miras, estamos subidos en el escenario más grande de Madrid, me coges la mano y me cuentas, que nunca te has largado.
Aunque yo, siempre me he sentido más muerta que viva desde la última vez que nos vimos.
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