sábado, 1 de noviembre de 2014

Me perdí, en aquellos días tristes, en sus caderas inmunes a cualquier tacto, en sus insípidos besos, en nuestra falta de cariño, en las madrugadas de insomnio, en mi mientras le buscaba en el otro rincón de la cama.
En el humo de los cigarrillos, en los anuncios de publicidad, en sus manos.
Me perdí en nosotros, cómo duele no encontrar lo que buscas.
Me perdí tanto, tantísimo en él, que ya no soy yo.
En realidad, me perdí en todo, huí, le tenía demasiado miedo.
Flipo contigo, chico.

Has dejado a Madrid

para perderte en piernas ajenas,

y ahora das tanta pena.

Has venido a recogerla,

con alguna excusa cómo

"Lo siento nena, había tráfico

en la carretera".

Y ella, tan tonta cómo lela,

te ha seguido para que te pierdas

en sus caderas.

Me he perdido en incontables días tristes bajo sus sábanas sin querer encontrar la salida, mientras le iba besando la espalda a modo de superviviencia.

Me he perdido en noches de verano entre sus mechones a la luz de la luna, con su boca roja y mi alma caliente.

Me he perdido en tardes de primavera entre sus costillas paseando los dedos mientras recorría mi mundo llamado su ombligo.

Me he perdido en medios días de otoño con algún café demás dividiendo mi vida en cada una de sus piernas y demostrando amor leyendo sus versos preferidos.