me he colado por el hueco de su boca cuando se ríe a carcajada limpia.
Me he abandonado demasiadas madrugadas de las que mi madre quisiera entre sus piernas.
Me he asfixiado con el aroma de su pelo, tanto que ya no sé si deliro cuando la huelo en mi almohada sin estar ella presente.
Me he caído entre los escondites de sus costillas y luego ella me ha besado las heridas.
Me he dejado llevar por sus suculentas palabras en los momentos en los que sus labios rozaban mi oído.
Me he ahogado un sinfín de veces en su boca, pero sigo queriendo que ella me hunda.
Me he drogado jugando con su cadera de arriba a abajo una y otra vez, mi propia montaña rusa.
Me he despertado en madrugadas incontables con mi cabeza en su ombligo, mi pequeño paraíso.
Me he perdido contando sus lunares y he vuelto a empezar, yo es que llegó a diez y empiezo a besarlos.
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